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(0) 16/06/2017 08:19h

La vida en un santuario animal

La vida en un Santuario Animal

Muchas personas nos preguntan cómo es nuestra vida en un Santuario. De qué modo ha cambiado nuestra vida desde que lo dejamos todo para crear un espacio para los animales rescatados.
Lo cierto es que vivir dedicando tu tiempo y energía a los animales no humanos es agotador, pero también muy gratificante. 
Nos levantamos muy temprano para hacer la ronda de biberones a las cabras y ovejas más jóvenes y poder aprovechar las primeras horas del día, que ahora con la llegada del verano son las más fresquitas, para que los animales disfruten de la montaña.
Sacamos a las ovejas, a las cabras y a los burros a la zona de pastos, mirando bien que las zonas de sombra estén bien límpias y los cubos de agua llenos. Después sacamos a los patos al gallinero, ya que por la noche quedan "recluídos" en una zona cubierta para que estén a salvo de los depredadores. Alimentamos a los cerdos con fruta que nos ceden los supermercados de la zona y les limpiamos sus dependencias y cambiamos el agua. Soltamos a los perros por turnos estando bien atentos de que no se peleen al comer, ya que al ser perros rescatados algunos de ellos tuvieron que pelear en el pasado para conseguir comida. Alimentamos a los gatos y limpiamos su zona, medicando a los que lo precisan y mirando que los bebés estén bien.
Todo esto nos lleva varias horas pero es una rutina que debe cumplirse a rajatabla.
Tras sacar y alimentar a las distintas especies llega el turno de los trabajos programados. Limpiar establos, comprar pacas de paja o forraje, hacer rondas de recolección de alimentos (sólo los cerdos comen dos barcas de fruta diaria y más de 10 barras de pan), reparar vallados, preparar zonas para futuros rescates...son alguna de las tareas que más tiempo nos llevan.
Una vez al mes organizamos una jornada de voluntariado donde l@s amig@s del santu nos ayudan con las tareas mayores. Por ejemplo dentro de dos días vendrán a ayudarnos en la colocación de un estanque para los patos, un vallado para las nuevas cabras y unos toldos para zonas de sombra.
El cuidado de animales enfermos o con problemas incluye una ronda de medicación que generalmente la hacemos por las tardes. Ahora mismo tenemos una gata con mastitis, unos gatitos a los que aplicar colirio, un burro recién operado que no termina de remontar al que pinchamos penicilina, una burra a puntito de parir, una cabra con infección, un pato con el ala rota, un perro recién operado que se niega a  comer y otro que pronto necesitará una silla de ruedas.
La difusión del mensaje de respeto a los animales lo hacemos desde las redes sociales, pero no siempre tenemos tiempo para elaborar vídeos o hacer difusiones, aunque lo vemos más como una necesidad más que como una prioridad, ya que de la difusión depende el que la gente nos ayude y colabore con nosotros en los gastos.
Recoger a los animales en sus respectivas dependencias nunca es tarea fácil, a algunos hay que ir a recogerlos a lo alto de la montaña y, en su afán de jugar con nosotros, nos corretean por todo el terreno en un interminable juego. 
Observar las diferencias de comportamiento entre unas especies y otras y ver como se interrelacionan creando vínculos entre ellos es algo increíble. Ver como Pedro, la oveja, se hace inseparable de Antonio el burrito, o como Ozzie, el gato gris, duerme en el establo junto a Inés la burra porque se cree burro en vez de gato, o como Bandi, el cabrito, prefiere interactuar con Pacheco y Aitor, las ovejas de ojos negros, que con el resto de cabras (que le dan miedo con esos tremendos cuernos),...y tantos y tantos detalles que no tienen desperdicio.
 

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